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El consumo colombiano y su impacto en la estrategia empresarial
El comportamiento del consumo en Colombia se ha convertido en una de las variables más determinantes para explicar la dinámica reciente de la economía. El informe “El consumo impulsa a Colombia: evolución, cambios estructurales y determinantes del gasto de los hogares”, publicado por BBVA Research en agosto de 2025, revela que el gasto de los hogares no solo ha crecido de manera sostenida en los últimos trimestres, sino que ha alcanzado un peso histórico dentro del Producto Interno Bruto (PIB).
Durante cinco trimestres consecutivos, el consumo privado ha superado la tasa de crecimiento de la economía en su conjunto y, por siete trimestres seguidos, se ha mantenido en positivo. Esta tendencia refleja una transformación estructural en la que el gasto interno se consolida como el principal motor de crecimiento, mientras otros componentes, como la inversión o las exportaciones, pierden protagonismo.
El informe plantea un punto de reflexión: ¿cómo interpretar el auge del consumo en un país con altos niveles de informalidad, una transición demográfica acelerada y una creciente dependencia de remesas y crédito de los hogares?
Este escenario abre una pregunta estratégica: ¿están las empresas preparadas para capturar valor en una economía donde el consumidor es la fuerza dominante? En este contenido vas a encontrar las transformaciones que están moviendo el mercado.
Consumo en Colombia 2025: cinco trimestres de liderazgo sobre la economía
El consumo privado alcanzó en 2025 su máxima participación histórica dentro del PIB, representando el 76,9 % de la demanda interna. Durante cinco trimestres consecutivos creció por encima de la media nacional, acumulando siete trimestres seguidos en terreno positivo. El patrón de crecimiento indica que el consumo privado se consolida como un pilar estructural de la economía en el que el gasto de los hogares, y no las exportaciones tradicionales, define buena parte del rumbo de la competitividad nacional.

Tres transformaciones que mueven el mercado
1. La economía de las experiencias
El consumidor colombiano prioriza cada vez más el ocio y el entretenimiento. Los juegos de azar ya representan más del 50 % del gasto en recreación, mientras que rubros tradicionales como alimentos y vestuario pierden participación. Los servicios en general han ganado 2,3 puntos porcentuales dentro del consumo total, al tiempo que alimentos retroceden 1,8 puntos. Esta reconfiguración implica que la monetización de experiencias, más que de productos, será un diferenciador en la competencia empresarial.

2. Las remesas
En 2024 las remesas alcanzaron US$ 11.800 millones, equivalentes al 2,8 % del PIB y cerca del 4 % de los ingresos de los hogares. Solo en los primeros siete meses de 2025 sumaron US$ 7.600 millones y podrían cerrar el año en US$ 15.000 millones. Este flujo supera en 64 % los ingresos combinados del café y el petróleo, creando nuevos segmentos de consumo menos expuestos a los ciclos domésticos. Las empresas que diseñen productos para familias receptoras de remesas estarán posicionadas en un mercado en expansión.

3. Ventana demográfica
Colombia aún cuenta con un bono demográfico, pero su duración es limitada. Actualmente, existen siete personas en edad laboral por cada adulto mayor, una proporción que caerá por debajo de cuatro hacia 2050. El grupo de entre 0 a 14 años ya muestra crecimiento negativo, lo que anticipa un envejecimiento acelerado de la población. Los próximos 20 años representan la última oportunidad para aprovechar esta ventaja mediante inversiones en productividad, tecnología y talento humano.
Factores que sostienen el auge
El dinamismo del consumo se explica por un conjunto de variables que refuerzan la capacidad de gasto:
- Empleo: 23,2 millones de ocupados, con ingresos formales creciendo en términos reales.
- Crédito de consumo: expansión del 5 % anual, con morosidad en 2,3 %, su nivel más bajo en años.
- Confianza: la apreciación del peso frente al dólar (+8,8 % en lo corrido del año) impulsa la percepción de poder adquisitivo.
- Reducción de la pobreza: la base de consumidores con capacidad de compra se amplía de forma sostenida.
Estos elementos configuran un círculo que explica por qué la economía colombiana se ha mantenido en crecimiento, incluso en un entorno internacional menos favorable.
La transformación del consumo exige respuestas inmediatas. Los datos sugieren dos caminos:
- Diversificación hacia servicios para las empresas con capacidades operacionales transferibles.
- Concentración en nichos premium dentro de sectores tradicionales, con foco en experiencia y servicio como factores de diferenciación.
Además, la geografía es un factor decisivo: mientras el ingreso promedio nacional es de $1,17 millones mensuales, en Bogotá se acerca a $2,2 millones, casi el doble del promedio urbano. Estas disparidades obligan a replantear estrategias de precios, distribución y desarrollo de portafolio.
El consumo colombiano atraviesa un momento de dinamismo, respaldado por empleo, crédito, remesas y confianza de los hogares. Para el empresariado, la clave no está en preguntarse si esta tendencia se mantendrá, sino en cómo adaptar sus modelos de negocio a un entorno en el que los servicios, el entretenimiento y la digitalización ganan espacio frente a sectores tradicionales.
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