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La vivienda usada toma impulso en Colombia ante la menor oferta de proyectos nuevos

La vivienda usada toma impulso en Colombia ante la menor oferta de proyectos nuevos

El tablero inmobiliario está moviendo sus fichas y el mercado de vivienda usada está ganando cada vez más terreno. El creciente interés por este segmento coincide con un momento en el que la vivienda nueva atraviesa una desaceleración reflejada en la caída de varios de sus indicadores.

 

Números rojos en el sector vivienda

 

De acuerdo con información de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), con corte a mayo de 2026, en el país se realizaron 112.497 lanzamientos de vivienda (entre VIS y No VIS). La cifra es equivalente a una caída del 42,9 % en los últimos cuatro años, cuando las iniciaciones de nuevos proyectos alcanzaron las 196.927 unidades.

A esos números rojos se suma un incremento en los desistimientos. Para el quinto mes de este año, el dato llegó a las 33.590 unidades en el segmento VIS y a las 10.069 en el No VIS, es decir, estos han escalado un 173,6 % y un 36,6 %, respectivamente, frente a lo Servicios al usuario Reportado en 2022.

Las ventas tampoco evidencian una mejoría, puesto que el acumulado a doce meses muestra una contracción del 33,6 % frente al mismo periodo de 2022. Es decir, el número pasó de las 261.485 viviendas a 173.612.

Esa desaceleración, que se concentra en la vivienda de interés social, no solo se traduce en menos compradores, sino también en menos inventario disponible. Eso en suma a otros elementos que le vienen jugando en contra a la cadena de construcción, incluyendo los altos costos, el aumento del salario mínimo y la incertidumbre en torno a los subsidios.

Con menos proyectos entrando al mercado y más consumidores buscando opciones, la vivienda usada está encontrando una ventana de oportunidad. Lo que durante años fue visto como un segmento complementario hoy comienza a perfilarse como uno de los principales motores de la actividad inmobiliaria.

 

Un segmento de alto valor

 

Los datos empiezan a reflejar ese cambio de comportamiento en los consumidores.

Ante la menor oferta de vivienda nueva terminada, el 70 % de la demanda se volcó hacia el mercado del usado. En otras palabras, los colombianos valoran hoy más que nunca la entrega inmediata y los espacios más amplios que ofrece la vivienda de “segunda mano”.

Así lo evidencia el más reciente informe de la plataforma Ciencuadras, en el que también se observa que la valorización de este mercado se incrementó un 9,7 % en 2025. La demanda se concentra en un 70,2 % en apartamentos, un 23,1 % en casas y un 6,7 % en otros inmuebles de este tipo.

Por esa misma línea, la vivienda usada viene ganando terreno en otros frentes, incluyendo el del crédito.

De acuerdo con un estudio realizado por ANIF, en colaboración con Habi y Colombia Fintech, en 2025, por cada $100 desembolsados en crédito hipotecario, $48 correspondieron a este mercado. Esta dinámica obedece, entre otras razones, a una dinámica de precios favorable para el segmento usado.

El Servicios al usuario Reporte también hace énfasis en el impacto que los créditos para vivienda usada tienen en la actividad económica. Las cifras estiman que por cada peso adicional desembolsado en crédito hipotecario de vivienda usada, se genera un aumento acumulado de $4,8 en el PIB real durante el trimestre de choque y el año siguiente.

Según los expertos, lo anterior se explica porque cuando el dinamismo del mercado eleva el valor de los inmuebles, los hogares perciben un mayor patrimonio, lo que incrementa su disposición al gasto y activa el consumo privado, que representa más del 70 % del PIB en Colombia.

 

Los retos pendientes

 

Si bien el mercado de vivienda usada viene ganando protagonismo por cuenta de su alto potencial, también enfrenta varios retos que limitan su liquidez.

Los costos asociados a las transacciones, como gastos notariales, de registro y beneficencia, tienen un peso especialmente alto en los inmuebles de menor valor, como los segmentos VIS y VIP. A esto se suman trámites que pueden resultar lentos y dificultades para acceder a información clara y oportuna sobre las propiedades, factores que terminan frenando la dinámica del mercado.

Pese a ello, expertos coinciden en que fortalecer este segmento puede generar efectos positivos en toda la cadena inmobiliaria. Un mercado de vivienda usada más dinámico facilita la compra y venta de inmuebles, impulsa la movilidad de los hogares y, al mismo tiempo, crea condiciones para que más personas den el salto hacia proyectos de vivienda nueva.

En otras palabras, cuando las viviendas usadas cambian de manos con mayor facilidad, se activa un efecto dominó que beneficia a todo el sector: aumenta la rotación del inventario, se generan nuevas inversiones y se fortalece la actividad constructora.

Si algo dejan claro las cifras es que esta categoría ya no es un actor secundario dentro del mercado inmobiliario. Su capacidad para movilizar inversiones, facilitar el acceso a la propiedad y estimular la actividad económica la convierte en una pieza clave para la recuperación del sector.

Bajo ese panorama, escenarios como el Gran Salón Inmobiliario adquieren una importancia estratégica al conectar a compradores, inversionistas, entidades financieras y constructoras alrededor de las oportunidades que ofrece el mercado. Como parte del ecosistema de Construcción e Infraestructura de Econexia, este espacio permite ampliar esas conexiones más allá del encuentro presencial y fortalecer nuevas oportunidades de negocio para el sector. Conoce cómo tu empresa puede hacer parte de este ecosistema.

 

 

 


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